El mal uso del poder para obtener más poder.
La palabra “progreso” puede usarse de manera positiva o negativa. La deuda externa argentina aumentó progresivamente a través de los años y de las distintas presidencias llevadas adelante desde la década del ’70. Pero, en todo progreso hay un quiebre, como sucedió en el país hace diez años, dónde tanto endeudamiento generó un caos a nivel económico y social provocando la tan conocida crisis del 2001.
A partir de ese momento, la tarea de los mandatarios era “sacar a flote” a la Argentina, no importaba cómo, lo único que se esperaba era poder utilizar el “progreso” como un factor positivo. Pero ¿Por qué un país tan rico y próspero, el cual no debería tener problemas monetarios, tuvo que atravesar por esa etapa negra? ¿Qué fue lo que lo llevó a caer en un abismo sin retorno?
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| Evolución de la deuda externa Argentina. |
Cómo en todos los países, siempre existió la deuda externa. Un poco más o un poco menos, pero estaba allí sin causar daños notables. En el momento en que los militares derrocan el gobierno de María Estela “Isabelita” Martínez de Perón es cuando el endeudamiento comienza a aumentar con mayor fuerza. ¿De qué forma se notó esto? Es simple: en 1975 cada argentino debía U$ 157, pero en 1983 debía U$ 1088.
Las causas principales fueron cuatro. En primero lugar, la bicicleta financiera dónde los dueños de las empresas las vendían abriendo cuentas en el exterior y de esta manera se convertían en millonarios. A causa del desarraigo de empresas nacionales, el país debió abrirse a los productos extranjeros. Por otra parte, la deuda privada. Las empresas pedían préstamos a privados en el exterior generando que más tarde se tuvieran que estatizar esas deudas. Asimismo, fue necesario que el Banco Central aplicara intereses, que variaban continuamente, para poder saldar las deudas.
El último motivo del endeudamiento fue la compra de armas para la guerra que no fue con Chile, la guerra de Malvinas y la represión de los militares con la población argentina. Esto fue el último mal acto de los militares ya que dejaron al gobierno de Alfonsín con una deuda que superaba los U$ 30 millones, lo que provocó que tras varios intentos fallidos de restaurar la situación económica durante 5 años, el presidente renunciara a su cargo.
En 1989 empieza el último período negro del país antes que se produjera el quiebre económico del 2001. ¿Quién estaba a la cabeza de lo que más tarde sería una copia del hundimiento del Titanic? Nada más, ni nada menos que Carlos Saúl Menem. Odiado por muchos, amado por otros, el riojano junto a su cuerpo político llevaron a que cada ciudadano, en 2001, debiese U$ 3868. ¿Por qué sucedió esto? Por la ambición y el poder. Con la excusa de un sector público ineficiente, Menem, privatizó las empresas del estado aumentando la deuda a U$ 137. 789.
Pero el mayor error que se cometió al quitarle al estado las empresas fue vender las petroleras, ya que son recursos naturales no renovables que hubiesen hecho más rico al país simplemente por poseerlas. En cambio, hoy hay que comprar a otros países el propio combustible porque ya no le pertenece a la Argentina.
Cuando se produjo el declive económico de la Nación, Eduardo Duhalde asumió el mando de los restos que quedaban del país y trató de rearmarlos hasta que en 2003 asumió Néstor Kirchner con una propuesta que podría levantar a la Argentina de su peor momento. ¿Cuál era? El canje de la deuda externa. Ésta consistió en la reprogramación de las obligaciones con los organismos financieros multilaterales obteniendo una mínima reducción de la deuda.
Hoy en día, la deuda sigue vigente. Poco a poco los gobernantes tratan de saldarla, pero cada vez resulta más complicado llevar a cabo sus propósitos debido a la crisis financiera que se está dando en todo el mundo. Las bolsas caen y la sociedad teme que vuelva a ocurrir un nuevo 20 de diciembre de 2001. Quizás haber pasado por una experiencia como esa, generó que la población sea más precavida o tome recaudos distintos a la hora de una nueva crisis económica. Lo único que resta es confiar en las dediciones de los mandatarios y no caer en la desesperación como hace diez años.


