sábado, 7 de enero de 2012

Rock Nacional

Música de ayer y hoy.

Por María Victoria Chila.

Canciones que decían lo que los jóvenes sentían. Bandas que surgían y se convertían en estandartes para la sociedad adolescente. Eso era el rock nacional: una forma de mostrarse al mundo expresando los ideales de los músicos y de la gente a través del arte, pero en especial, una manera creativa de enfrentarse a los gobiernos y poder cantarles lo que pensaban acerca de la situación del país.

“Estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado...", fueron las primeras palabras del Rock Nacional, de la boca de Litto Nebbia y su banda Los Gatos. Ya no sólo se entonaban las estrofas pegadizas de Palito Ortega y el Club del Clan, sino que ahora, también, comenzaba una nueva era para la música argentina dónde todos aquellos que lo desearan podrían expresar en su idioma lo que sentían.

Miguel Abuelo, Sandro, Luis Alberto Spinetta, Pappo, Sui Generís conformada por Nito Mestre y Charly García  son algunos de los que marcaron a fuego no sólo a la Argentina, sino que al mundo también. Sus canciones eran himnos entonados a todo pulmón. Pero, cómo siempre ocurrió en este país, no todo podía salir tan bien. En 1976, se produjo el Golpe de Estado que dio inicio al período más oscuro y sangriento de la historia argentina.

“Sólo le pido a Dios que el futuro no me sea indiferente, desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente” así lo escribió y cantó León Gieco cuando tuvo que exiliarse ante la persecución militar. Los músicos de esa época eran considerados subversivos por lo que algunos se vieron obligados a huir y otros prefirieron quedarse y luchar a través del arte. Sus canciones eran censuradas por los grandes medios, pero no podían evitar lo más importante: que el público siguiera sus presentaciones.

A pesar del miedo implantado en la sociedad, a algunos artistas no les importó lo que pudiera deparar el futuro y se centraron en su ahora. Tal fue el caso de Charly García, quién junto con su nueva banda Serú Girán y sus magníficas letras lograron evadir la censura del terrorismo de Estado. Muchos se preguntarán ¿Cómo lo consiguieron? Es simple: además del valor y las agallas que tuvieron para enfrentar al gobierno de turno, cargaron sus canciones de sutileza, energía e ingenio y así trasmitieron sus ideales.

Pasan los años, y al final lo único que prevalece es la conveniencia. En 1982 estalla la Guerra de Malvinas y el gobierno de turno era el de facto, quien prohibió la trasmisión de música anglosajona, por lo que se comenzó a escuchar a muchas bandas de rock que empezaron a cobrar popularidad. Entonces, aquí resta preguntar ¿Por qué permitieron escuchar en ese año las canciones de los “subversivos” y no antes? Es claro: por el propio beneficio de los gobernantes.

Desde hace años que el país vive una eterna lucha entre la verdad y la mentira porque cada elemento de la sociedad se usa sólo para el provecho de unos pocos. En este caso, el rock. Usado en unos años para censurar e intimidar a todos aquellos que lo producían y escuchaban. Usados, años más tarde por el mismo gobierno,  para unir a la gente a favor de una misma postura.

Es importante no olvidar algunos hechos de la historia porque a larga nos van a servir para no caer en las mismas trampas aplicadas por los que tienen más poder. Acordarse de todas las decisiones tomadas va a ayudar a la gente a hacer valerse como personas. “Todo está cargado en la memoria, arma de la vida y de la historia”  canta León Gieco dando una lección de vida muy valerosa.

Muchos fueron los grupos musicales y los nombres que sonaron fuerte desde 1960. Algunos perduraron más que otros, y hoy siguen siendo furor entre los jóvenes. Sus letras trasmiten esperanza y generan en la sociedad el deseo de hacerse escuchar. Ya pasó la época dónde los recitales se daban en un sótano. Ahora, el rock nacional mueve multitudes porque la música es el espacio en cuál todos son iguales y dónde las fuerzas se unen para poder cantar bien .

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Deuda Externa.

El mal uso del poder para obtener más poder.

La palabra “progreso” puede usarse de manera positiva o negativa. La deuda externa argentina aumentó progresivamente a través de los años y de las distintas presidencias llevadas adelante desde la década del ’70. Pero, en todo progreso hay un quiebre, como sucedió en el país hace diez años, dónde tanto endeudamiento generó un caos a nivel económico y social provocando la tan conocida crisis del 2001.

A partir de ese momento, la tarea de los mandatarios era “sacar a flote” a la Argentina, no importaba cómo, lo único que se esperaba era poder utilizar el “progreso” como un factor positivo. Pero ¿Por qué un país tan rico y próspero, el cual no debería tener problemas monetarios,  tuvo que atravesar por esa etapa negra? ¿Qué fue lo que lo llevó a caer en un abismo sin retorno?

Evolución de la deuda externa Argentina.
Cómo en todos los países, siempre existió la deuda externa. Un poco más o un poco menos, pero estaba allí sin causar daños notables. En el momento en que los militares derrocan el gobierno de María Estela “Isabelita” Martínez de Perón es cuando el endeudamiento comienza a aumentar con mayor fuerza. ¿De qué forma se notó esto? Es simple: en 1975 cada argentino debía U$ 157, pero en 1983 debía U$ 1088.

Las causas principales fueron cuatro. En primero lugar, la bicicleta financiera dónde los dueños de las empresas las vendían abriendo cuentas en el exterior y de esta manera se convertían en millonarios. A causa del desarraigo de empresas nacionales, el país debió abrirse a los productos extranjeros. Por otra parte, la deuda privada. Las empresas pedían préstamos a privados en el exterior generando que más tarde se tuvieran que estatizar esas deudas. Asimismo, fue necesario que el Banco Central aplicara intereses, que variaban continuamente, para poder saldar las deudas.

El último motivo del endeudamiento fue la compra de armas para la guerra que no fue con Chile, la guerra de Malvinas y la represión de los militares con la población argentina. Esto fue el último mal acto de los militares ya que dejaron al gobierno de Alfonsín con una deuda que superaba los  U$ 30 millones, lo que provocó que tras varios intentos fallidos de restaurar la situación económica durante 5 años, el presidente renunciara a su cargo.

En 1989 empieza el último período negro del país antes que se produjera el quiebre económico del 2001. ¿Quién estaba a la cabeza de lo que más tarde sería una copia del hundimiento del Titanic? Nada más, ni nada menos que Carlos Saúl Menem. Odiado por muchos, amado por otros, el riojano junto a su cuerpo político llevaron a que cada ciudadano, en 2001, debiese U$ 3868. ¿Por qué sucedió esto? Por la ambición y el poder. Con la excusa de un sector público ineficiente, Menem, privatizó las empresas del estado aumentando la deuda a U$ 137. 789.

Pero el mayor error que se cometió al quitarle al estado las empresas fue vender las petroleras, ya que son recursos naturales no renovables que hubiesen hecho más rico al país simplemente por poseerlas. En cambio, hoy hay que comprar a otros países el propio combustible porque ya no le pertenece a la Argentina.

Cuando se produjo el declive económico de la Nación, Eduardo Duhalde asumió el mando de los restos que quedaban del país y trató de rearmarlos hasta que en 2003 asumió Néstor Kirchner  con una propuesta que podría levantar a la Argentina de su peor momento. ¿Cuál era? El canje de la deuda externa. Ésta consistió en la reprogramación de las obligaciones con los organismos financieros multilaterales obteniendo una mínima reducción de la deuda.

Hoy en día, la deuda sigue vigente. Poco a poco los gobernantes tratan de saldarla, pero cada vez resulta más complicado llevar a cabo sus propósitos debido a la crisis financiera que se está dando en todo el mundo. Las bolsas caen y la sociedad teme que vuelva a ocurrir un nuevo 20 de diciembre de 2001. Quizás haber pasado por una experiencia como esa, generó que la población sea más precavida o tome recaudos distintos a la hora de una nueva crisis económica. Lo único que resta es confiar en las dediciones de los mandatarios y no caer en la desesperación como hace diez años.

Por María Victoria Chila.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Guerra de Malvinas.

La guerra del poder.

Dolor, derrota y muerte fue lo que dejó el conflicto bélico por las islas Malvinas entre Argentina y Reino Unido ocurrido en 1982. Este hecho quedó marcado a fuego en la historia y el corazón del país, así como también en cada habitante argentino, tanto los que vivieron en carne propia la guerra como aquellos que saben lo que sucedió sólo porque lo leyeron en un libro o simplemente porque alguien se los contó.
Jóvenes soldados sin saber qué les deparaba la guerra.

“Las Malvinas son argentinas” es una frase que se escucha sin cesar. Quizás, se dice eso para apaciguar el dolor tan grande que dejó el conflicto. Quizás, sólo se repite como otra frase más. Pero, ¿Saben todos aquellos que corean una y otra vez esa oración tan conocida por qué se ocasionó el conflicto? O tal vez, sea más preciso preguntar ¿Saben por qué la guerra se produjo en 1982 y no antes?

No es algo nuevo que la respuesta sean los intereses económicos. Argentina, luego de haberse independizado de España, tuvo una relación cordial con Reino Unido. ¿Por qué fue así? Porque se complementaban económicamente. Nuestro país durante las guerras mundiales fue denominado como el “granero del mundo” ya que exportaba carnes, granos y cueros hacia los países europeos que estaban en plena crisis, como fue el caso de Inglaterra. A cambio del envío de esos productos, Argentina recibía manufacturas.

Esta reciprocidad de “favores” duró muy poco ya que luego de la segunda guerra mundial Estados Unidos se convirtió en la primer potencia ocasionando que  Inglaterra pierda poder económico y político. ¿Cómo puede ser que este hecho desencadenase, años más tarde, en la famosa guerra? Es simple: Reino Unido comienza a producir su propia materia prima en la década del ’60 y Argentina, gobernada por los militares, empieza a tener dificultades económicas y políticas.

El problema de los argentinos siempre fue y será creerse superiores a los demás. Eso fue lo que paso en 1982: pensar que un país que estaba atravesando una gran crisis pudiese vencer a una de las primeras potencias del mundo, que no sólo contaban con más experiencia militar por haber participado de las guerras mundiales sino que la tecnología que manejaban era superior a la de nuestro país.

649 muertos, 1188 heridos y el sabor amargo de la derrota fue el saldo que le dejó a la Argentina la guerra. ¿Y a cambio de qué? Del afán de obtener más poder, de demostrarle al mundo y a la población argentina quienes eran los que mandaban. Ese error, llevado a cabo por la arrogancia y la sed de querer siempre más, destruyó miles de familias y por sobre todas las cosas al país.

Muchos argumentaron que había que defender lo que era nuestro porque nos lo estaban quitando, pero lo que no pensaron fue que por tratar de recuperar las islas se perdieron muchas vidas y la confianza en los gobernantes ya que por querer aparentar algo que no era, mintieron a la población diciendo que “estaban ganando” cuando era todo lo contrario. Se jugó con la gente. Por esta razón, hay que entender por qué pasó lo que pasó y luchar por que no haya una nuevo 2 de abril de 1982.


Por María Victoria Chila.

70 vs 90

Orgullo, prejuicio y arrogancia.

Perejiles, inofensivos soñadores o pelotudos. Así se describe a los que vivieron en  los ’90. ¿Quiénes eran? Según José Pablo Feinmann, el resultado de la derrota de los que presenciaron los ‘70, es decir, la generación joven. No es algo nuevo escuchar a los que han vivido más, decir que los jóvenes están perdidos ya que no luchan por hacer valer sus derechos y que no sienten amor por la patria ni por su propia madre. Esto no sólo sucedió en los ’90 sino que se sigue dando en la actualidad.

Mafalda, siempre un paso adelante.
Al escritor le digo que quien escribe nació en la generación de los ’90, pero que ahora tiene la edad suficiente para poder discernir entre lo que está bien o mal y de luchar por aquello que le importa y valora. Por esta razón debo informarle que no todo lo que usted expone es correcto. No voy a negarle que todo lo que mi generación, como los que tenían mi edad en los ’90, tienen es gracias al legado que nos han dejado nuestros mayores. Pero no es cierto que lo jóvenes no tengamos idea de cual es nuestra historia.

No es novedad que en Argentina hay muchos ignorantes por el hecho de que no todos pueden acceder a la educación, pero también es cierto que una gran cantidad de la población no tiene idea de cuál es la historia del país porque no le interesa; y en esta afirmación hay que incluir no sólo a los jóvenes sino a muchos adultos que creen que saben todo cuando la realidad es que no tienen conocimientos sobre hechos importantes que incumben al país porque tampoco les importa.

Entonces, le tengo que preguntar algo que podría haber cambiado la situación que usted critica: si eran y son tan maravillosos como usted dice ¿Por qué no le trasmitieron a las generaciones venideras el significado que tiene la palabra lucha en la sociedad? ¿Será porque tenían miedo de que la historia los olvide ante nuevos “combatientes del poder” y así poder permanecer como los únicos que se enfrentaron a un gobierno regido por la prohibición?

La sociedad no olvida hechos que marcaron la historia para siempre por lo que, ustedes, generación del ’70, no deben temer a ser olvidados porque es algo que no sucederá. Su accionar va a quedar en la memoria de la gente porque son un ejemplo de lucha y valor. Por esta razón, le digo al autor que a veces hay que dejar la arrogancia de lado y no alardear ante los demás porque son característas que deviene a la persona a menos, y en este caso no debe pasar eso.

El pueblo argentino tiene que admirar a su generación porque realmente creen que lo que hicieron fue un orgullo, y no porque usted les diga lo valientes y perseverantes que fueron, más allá de que hayan perdido ante el Poder. De la misma forma que le doy este consejo, también le digo que trate de no desmerecer a los jóvenes que llegaron unos años después ya que cada uno lucha de la forma que más le gusta, es decir, de la manera que crea que puede realizar un aporte a esta sociedad.

Algunos prefieren no involucrarse en política, otros optan por implicarse sólo por seguir una línea de pensamiento y otros se compenetran tanto en el tema que no les interesa pelearse con quien sea para hacer valer su pensamiento. Cada uno es libre de elegir de qué forma luchar, y nadie debe juzgar esa elección. Por lo tanto señor Feinmann, deje que cada generación realice su propia lucha y usted recuerde con orgullo que fue parte de esa sociedad tan valiente que se enfrentó al gobierno para pelear por sus valores, sin olvidar que nadie es mejor que nadie no importa la década o el lugar.

Por María Victoria Chila.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Televisión abierta sexual.

El cambalache mediático que está modificando la TV.

Hace tiempo la televisión de aire ha olvidado la dulce y tierna tanda de las diez de la noche que anunciaba el horario de protección al menor dónde un pequeño dormía plácidamente mientras que sus padres custodiaban su sueño. Hoy, ese anuncio ha cambiado tal como lo hizo la sociedad: sólo se leen las palabras que informan que el tiempo permitido para que un niño este frente al televisor acaba de culminar.
Cinthia Fernández y su "baile del escándalo"

Pero ¿Qué es lo que se modificó a nivel cultural e ideológico para que también la TV se vea en la obligación de cambiar? A simple vista parece que un montón de factores han intervenido en este proceso que se viene dando en los últimos años. Pero no, la respuesta es mucho más fácil: padres que no ponen límites a sus hijos concediéndoles todo lo que ellos quieren y permitiéndoles atribuciones que no deberían darles.
 Una década atrás, si el padre decía: “Te vas a dormir”, el hijo obedecía sin replicar. En la actualidad, el niño realiza un “berrinche” de tal magnitud que los adultos, por ahorrarse un dolor de cabeza, lo dejan ver programas que no son aptos para criaturas menores de 15 años. Esto se nota en las actitudes de los pequeños, que en su afán por querer ser grandes, imitan y repiten lo que ven en la televisión.

“No soy maleducado; en todo caso seré mal aprendido porque mis papás me educaron bien” contestan, de manera desagradable, una y otra vez imitando a cierta vedette participante del Bailando por un sueño 2010. Como estás contestaciones, hay muchos más que día a día se pueden ver en Showmatch o sino en los programas de chimentos y archivos que parecer ser que lo único que tienen en la agenda es el programa del conductor bolivarense.  

Pasa el tiempo y los escándalos se renuevan, ¿Cuál es el nuevo? Cinthia Fernández y su destape tan poco apropiado frente a millones de personas. La concursante realizó, junto a su pareja de baile, una coreografía de strip dance muy erótica, en la cual se fue desvistiendo gradualmente, hasta que en la escena final su bailarín cubrió con vino el cuerpo de su acompañante quién quedó completamente desnuda luego de sacarse la bombacha frente a cámara.

“El hecho no estaba premeditado” aseguró la producción del programa, pero estos dichos fueron puestos en tela de juicio por Afsca ya que las cámaras en ningún momento hicieron un primer plano a las partes íntimas de Fernández como acostumbran hacer ante el destape de tantas vedettes que pasan día a día por la pista de baile, sino que predominó el plano largo y la figura de Tinelli tapando la imagen de los concursantes mientras se vestían.

Ahora bien, más allá de la multa que se le hizo a Artear y de las duras pero merecidas críticas a la bailarina lo que importa aquí es la acción de querer obtener raiting y fama a toda costa sin pensar en las consecuencias que pueda ocasionar en la sociedad lo que se muestra en la televisión. Más que una imprudencia es una falta de respeto a todos los televidentes que eligen cada día el programa para poder salir de la rutina y relajarse mirando lo que podría llegar a ser un agradable concurso de baile.

La única manera de parar con esta ola de destape sexual que los niños se ven obligados a ver ya sea porque los padres los dejan o porque las 24 horas del día los canales de aire repiten una y otra vez las misma imágenes, es replantear qué es lo que se quiere ver como entretenimiento y qué es lo que interesa a la hora de elegir una programación.
No hay que olvidar que se vive en un cambalache mediático y que sólo se puede modificar esta realidad si la sociedad pone un punto final a lo grotesco para acercarse más a lo familiar.


Por María Victoria Chila.

martes, 18 de octubre de 2011

Revoluciones estudiantiles

Dos años distintos, un mismo mes, un mismo reclamo.

Mayo francés y Cordobazo son dos títulos que remiten a revoluciones estudiantiles que se dieron con sólo un año de diferencia en polos opuestos del mundo. El primero ocurrió en Francia en 1968; el segundo sucedió en Argentina en 1969. ¿Qué une a estos dos levantamientos? Es simple: estudiantes alzados contra el gobierno de turno reclamando derechos que les estaban prohibidos.

Los años pasan y parece que el legado que dejaron nuestros antepasados no sirve de mucho ya que se cometen una y otra vez los mismos errores. Los jóvenes ya dejaron en claro que es lo que ellos quieren, pero hoy se siguen levantando contra los poderosos para reclamar aquello que les corresponde. Es el caso del país hermano chileno, dónde sus alumnos reclaman mejores condiciones en la educación.

Entonces, ¿Cuál es el error que los gobiernos están pasando por alto que origina las protestas de los estudiantes desde hace ya tanto tiempo? Algunos responden a esto argumentando que los jóvenes no son escuchados ni tomados en cuenta. Otros culpan a la situación económica del país que nos les permite avanzar ni darles lo que ellos necesitan.

Para poder entender qué es lo que se reclama hay que remitirse a mayo de 1968 que quizás no fue el primer reclamo de ésta índole pero si el mayor exponente en este tipo de revoluciones. El lema de los estudiantes de la facultad de humanidades de la Universidad de Nanterre (Francia) era “Prohibido prohibir”, y entre sus ideales fundamentales se encontraban la liberación femenina y el movimiento anticapitalista, antiestalinista y antifascista.

Toda la lucha se llevó adelante entre el 3 y el 15 de mayo en la conocida semana rabiosa dónde los estudiantes convocaron a una huelga general pidiendo la adhesión de los obreros de las fábricas. Ante esta situación, el gobierno declaró el estado de sitio en el Barrio Latino donde se enfrentaron 10 mil estudiantes con la policía militarizada. Desafortunadamente, este movimiento fracasó ya que no existió una conducción política adecuada.

Un año más tarde, inspirados e influenciados por los franceses, el pueblo cordobés quiso poner un punto final  a las injusticias cometidas por el gobierno militar arremetiendo contra ellos a través de huelgas y manifestaciones. Este hecho fue conocido como el Cordobazo e involucró a estudiantes y obreros de la provincia que lograron debilitar al gobierno de Onganía y por fin terminar con la represión que se vivía en el país.

No es cierto que el mayo francés haya sido un fracaso. Quizás no se obtuvieron los resultados que se esperaban, pero lo que sí se puede afirmar es que este movimiento revolucionario fue el impulsor de tantas luchas que no se animaban a salir adelante sólo por miedo a no saber qué les depararía el futuro.

Hoy, es necesario volver en el tiempo para aprender de aquellos luchadores que unieron fuerzas para tener una educación y una vida mejor. Para no dejar que los gobiernos obliguen a la sociedad a rendirse ante ellos sin antes haber reclamado lo que les corresponde como estudiantes y trabajadores de un pueblo democrático. 

Por María Victoria Chila

Ley de Medios

La guerra ha sido declarada.

Dos años es el tiempo que transcurrió desde que se dictó la nueva ley de medios en el país, generando disputas entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el grupo Clarín. Esta pelea por el poder parece nunca acabar ya que siempre se encuentran motivos para discutir y, de esta manera, tratar de demostrar al pueblo argentino quien es más fuerte.

Pero es necesario preguntar ¿cuál es el motivo de esta discusión? ya que no todas las personas comprendieron por qué desde hace varios años, el gobierno desmerece al grupo de Ernestina de Noble y viceversa. No es nuevo decir que en la Argentina hay monopolios ya que si no se estaría blasfemando.  Y ahí está la cuestión: “mucho en pocas manos”.

En 1980, pleno gobierno militar, se dictaminó la ley  de radiodifusión 23.696 dónde se otorgaron licencias a grupos comerciales constituidos regularmente en el país para que administraran los medios, es decir que se privatizaron las telecomunicaciones. Nueve años más tarde, ya en el gobierno democrático, se sancionó la ley de emergencia 22.285, la cual establecía que el poder ejecutivo podía intervenir en los medios que no cumplan con los requisitos de la ley de radiodifusión.

Y así fue, como en octubre de 2009 se promulgó la ley 26.522 para regular los servicios de comunicación audiovisual y el desarrollo de mecanismos destinados a la promoción, desconcentración y fomento de competencias con fines de abaratamiento, democratización y universalización del aprovechamiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

¿Quiénes fueron los primeros afectados ante esta nueva ley? Es simple: el grupo Clarín.  ¿Por qué? Por a lista de medios que le pertenecen a esta sociedad. Entre los más conocidos se puede nombrar a Clarín, Olé, Canal 13, TyC Sports, Direct Tv, y tantos otros que forman parte de este imperio de las telecomunicaciones. 

Pero, lo más llamativo de esta cuestión o disputa es saber ¿por qué recién en el año 2009 el gobierno decide actuar contra estos monopolios de la información? Y además, ¿Por qué sólo “atacó” al grupo Clarín? Quizás, nombrar este hecho es salirse del tema que se está tratando pero lo más probable es que haya sido el disparador para esta guerra de dos poderes: el conflicto del campo del año 2008.

El grupo en cuestión fue el que se opuso ante el accionar de la presidenta, fue el que la criticó, la descalificó, y quizás sean motivos necesarios para ganarse el resentimiento de cualquier persona.  El grupo Clarín ha poseído todo lo que tiene actualmente desde mucho antes que el 2008. Por esta razón, se plantea que, tal vez, el único motivo de la sanción de la ley de radiodifusión  no haya sido sólo para lograr la desconcentración de medios en pocas manos.

Esta guerra todavía continúa. Al parecer ya traspasó los límites de lo social para convertirse en algo personal, pero no hay que olvidar que el que está del otro lado es el pueblo argentino. Ese que necesita informarse objetivamente. Ese que no quiere que le mientan.

Se habla de que no tiene que haber mucho en pocas manos por el bien de la sociedad. ¿Pero realmente a alguien le importa eso? O simplemente la sanción de esta ley fue para beneficio personal tal como ocurrió en el gobierno de facto de 1980.

Por María Victoria Chila