La noticia es ficción
La eterna lucha por atraer a la audiencia.
Economía, política, policiales son temas que incumben a toda la sociedad pero muchas veces no son del todo apreciadas por el público consumidor de información, simplemente porque no presentan ese “toque” de color que la gente espera al leer una nota.
Hace unos años, cada medio poseía una definición particular de lo que era una noticia dependiendo del momento en que se emitía, pero, en la actualidad se ha roto con lo que antes era hecho, acontecimiento y suceso porque no satisfacen a los consumidores.
¿Cuál es, entonces, el objetivo que debe plantearse el periodista a la hora de redactar? Es simple: atrapar la atención de la audiencia, y para lograrlo debe ficcionalizar la realidad, sin importar cuán interesante es o no la noticia, ya que en el caso de que no lo sea, el redactor puede hacerla atractiva.
“Adornar la noticia” significa venderla a un público. No siempre, el medio es el interesado en que esto se produzca sino que hay otros “postulantes” que tratan de acercase a la prensa para poder promocionar lo que a ellos les conviene. Esto se da a través de operaciones de prensa.
Hay tres modos de influir sobre el periodismo: por un lado, la publicidad, es decir, el poder económico que cada anunciante ejerce sobre la prensa de algún modo, y por otro lado, el intento de seducción mediante invitaciones, charlas, explicaciones, convirtiéndose en fuente a cambio de un mejor trato. Por último, el soborno.
Éste es el que trae más controversias en el medio ya que el periodista debe forzar la realidad para trasmitir una determinada información, y en algún momento se hace evidente la contradicción entre lo que uno hace y lo que es verdad. El límite lo pone el medio y el que escribe, determinados por sus necesidades y convicciones: “hasta donde llega la transa, y de ese punto no pasa”.
No es algo nuevo que a la hora de dar las noticias los valores queden relegados ante la deshonestidad y la ambición, ya sea porque el medio o los anunciantes prefieren vender algo que no existe o distorsionar una parte de la información para conseguir beneficios económicos y sociales.
A pesar de que se repita una y otra vez: “La última palabra siempre la tienen los de arriba”, el público es quien tendrá el discurso final sobre el modo de relatar las noticias ya que todas las estrategias comunicativas que emplean los medios son para y por la audiencia. Lo único que resta esperar es si “los de arriba” aceptan estas reglas de juego que ellos mismos impusieron.
Por María Victoria Chila
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