El cambalache mediático que está modificando la TV.
Hace tiempo la televisión de aire ha olvidado la dulce y tierna tanda de las diez de la noche que anunciaba el horario de protección al menor dónde un pequeño dormía plácidamente mientras que sus padres custodiaban su sueño. Hoy, ese anuncio ha cambiado tal como lo hizo la sociedad: sólo se leen las palabras que informan que el tiempo permitido para que un niño este frente al televisor acaba de culminar.
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| Cinthia Fernández y su "baile del escándalo" |
Pero ¿Qué es lo que se modificó a nivel cultural e ideológico para que también la TV se vea en la obligación de cambiar? A simple vista parece que un montón de factores han intervenido en este proceso que se viene dando en los últimos años. Pero no, la respuesta es mucho más fácil: padres que no ponen límites a sus hijos concediéndoles todo lo que ellos quieren y permitiéndoles atribuciones que no deberían darles.
Una década atrás, si el padre decía: “Te vas a dormir”, el hijo obedecía sin replicar. En la actualidad, el niño realiza un “berrinche” de tal magnitud que los adultos, por ahorrarse un dolor de cabeza, lo dejan ver programas que no son aptos para criaturas menores de 15 años. Esto se nota en las actitudes de los pequeños, que en su afán por querer ser grandes, imitan y repiten lo que ven en la televisión.
“No soy maleducado; en todo caso seré mal aprendido porque mis papás me educaron bien” contestan, de manera desagradable, una y otra vez imitando a cierta vedette participante del Bailando por un sueño 2010. Como estás contestaciones, hay muchos más que día a día se pueden ver en Showmatch o sino en los programas de chimentos y archivos que parecer ser que lo único que tienen en la agenda es el programa del conductor bolivarense.
Pasa el tiempo y los escándalos se renuevan, ¿Cuál es el nuevo? Cinthia Fernández y su destape tan poco apropiado frente a millones de personas. La concursante realizó, junto a su pareja de baile, una coreografía de strip dance muy erótica, en la cual se fue desvistiendo gradualmente, hasta que en la escena final su bailarín cubrió con vino el cuerpo de su acompañante quién quedó completamente desnuda luego de sacarse la bombacha frente a cámara.
“El hecho no estaba premeditado” aseguró la producción del programa, pero estos dichos fueron puestos en tela de juicio por Afsca ya que las cámaras en ningún momento hicieron un primer plano a las partes íntimas de Fernández como acostumbran hacer ante el destape de tantas vedettes que pasan día a día por la pista de baile, sino que predominó el plano largo y la figura de Tinelli tapando la imagen de los concursantes mientras se vestían.
Ahora bien, más allá de la multa que se le hizo a Artear y de las duras pero merecidas críticas a la bailarina lo que importa aquí es la acción de querer obtener raiting y fama a toda costa sin pensar en las consecuencias que pueda ocasionar en la sociedad lo que se muestra en la televisión. Más que una imprudencia es una falta de respeto a todos los televidentes que eligen cada día el programa para poder salir de la rutina y relajarse mirando lo que podría llegar a ser un agradable concurso de baile.
La única manera de parar con esta ola de destape sexual que los niños se ven obligados a ver ya sea porque los padres los dejan o porque las 24 horas del día los canales de aire repiten una y otra vez las misma imágenes, es replantear qué es lo que se quiere ver como entretenimiento y qué es lo que interesa a la hora de elegir una programación.
No hay que olvidar que se vive en un cambalache mediático y que sólo se puede modificar esta realidad si la sociedad pone un punto final a lo grotesco para acercarse más a lo familiar.
Por María Victoria Chila.
